¿Sonríe de verdad?

¿Sonríe de verdad?

Todos hemos preguntado alguna vez a alguien cercano si se encuentra bien y nos ha contestado, sonriendo, que «sí» pese a que algo en su rostro nos hace dudar de su respuesta. Las personas poseemos una capacidad innata para reconocer la expresión facial de las emociones y detectar la verdad, pero ¿sabemos distinguir una sonrisa verdadera de una fingida?

La expresión deliberada de la sonrisa para ocultar la emoción verdadera puede tener diferentes funciones: proteger a los demás frente a una emoción que les afectaría, resguardar nuestra intimidad o no dejar emerger una emoción. Esta ocultación la realizamos a través de lo que llamamos la sonrisa falsa (fake smile).

Disimulamos nuestras emociones con una sonrisa porque nos encontramos en una situación en la que preferimos no mostrar nuestros sentimientos auténticos o por influencia cultural (se observó en un experimento que los estudiantes japoneses ocultaban más sus emociones a través de una sonrisa que los estudiantes americanos).

 

Richard Davidson, profesor de Psicología y Psiquiatría en la Universidad de Wisconsin-Madison, descubrió que cuando sonreímos de verdad, es decir, por medio de los músculos de los ojos y de la boca, se activan zonas en nuestro cerebro típicas del placer espontáneo. Por el contrario, estas regiones cerebrales no se activan si sonreímos únicamente con la boca. Los bebés que ven a un extraño, sonríen solo con la boca, mientras que si ven a su madre, sonríen también con los ojos. Las parejas felices cuando se reencuentran al final del día se sonríen con la boca y con el músculo que rodea al ojo, sonrisa que no está presente en las parejas que no lo son tanto.

 

Los niños no tienen tan desarrollada la capacidad de detectar y nombrar sus emociones como los adultos. Es por ello que cualquier pista no verbal sobre el estado del niño constituye una información relevante para los que cuidamos de ellos, ya seamos familiares o educadores. Una niña de seis años cercana a mí pasó por una época difícil, aunque durante ese tiempo se comportaba como los demás niños de su edad. Pero observamos una diferencia cuando jugaba: aunque su boca sonreía, sus ojos expresaban tristeza (los niños a partir de tres años pueden ocultar parcialmente una emoción como la decepción, mostrando «expresiones de transición», a través de una ligera sonrisa).

 

Nos resulta complicado diferenciar entre expresiones emocionales auténticas y fingidas porque solemos estar atentos solo a los niveles más evidentes de la comunicación emocional, olvidando leer entre líneas los pequeños matices que permiten que la comprensión sea plena. Pero, siendo mejores observadores, identificando una emoción perturbadora tras una sonrisa, tendremos un conocimiento más profundo del mundo emocional de las personas que nos rodean. Aquella niña hoy sonríe con su boca y, lo más importante, también con sus ojos. Reconocer estas expresiones sutiles nos aporta información sobre cómo se siente el otro y nos permite ayudarle a sentirse mejor, incluso aunque esa persona no sea consciente de sus propios sentimientos.

 

Trucos para distinguir una sonrisa verdadera de una falsa:

 

1º marcador: si el músculo orbicular (el que hay alrededor del ojo) se activa, cosa que ocurre cuando existe disfrute o placer real, las mejillas se elevan y las cejas descienden levemente; si la sonrisa es muy amplia, además podremos observar patas de gallo y brillo en los ojos. En la sonrisa falsa no se producen estos cambios alrededor de los ojos, ni en la frente y las cejas.

 

2º marcador: la sonrisa falsa aparece demasiado pronto o demasiado tarde.

 

3º marcador: la sonrisa falsa tiende a expresarse ligeramente asimétrica en un lado de la cara (normalmente se muestra más en el lado izquierdo).

 

Pincha aquí para hacer un test sobre los tipos de sonrisas basado en el Sistema de Codificación Facial de Paul Ekman.

http://www.bbc.co.uk/science/humanbody/mind/surveys/smiles/

 

Referencias:

Fridlund, A.J. (1999). Expresión facial humana. Una visión evolucionista. Bilbao: Desclée de Brouwer.

Ekman, P. (2003). ¿Qué dice ese gesto?. Barcelona: Integral.

Harris, P.L. (1989). Los niños y las emociones. Madrid. Alianza Editor

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